¿Cómo se hace un traje de flamenca de El Ajolí?

¿Cómo se hace un traje de flamenca? Quien más quien menos se ha realizado esta pregunta alguna vez, imaginándose tal o cual cosa. Según quien lo lea o quien lo escriba la respuesta puede ser múltiple, desde un simple patrón, hasta el proceso completo, pasando por la historia del traje de flamenca y sus diseñadores más influyentes. Pero, si este interrogante se enuncia en modo propuesta por parte de una firma de moda de flamenca, corresponder con un sí cobra otro sentido, el que engloba no solamente conocer lo obvio, el proceso tangible que se ve y se toca, sino el que te abre las puertas de su mundo y te permite conocer aquello que sólo ellos contemplan y sienten, convirtiéndote así, por un día, en uno más de su equipo, compartiendo sus inquietudes y proyectos contigo.

Traje de flamenca de El Ajolí colección 2016 'Gitanillas Andaluzas'

Así que, tras cuestionarme El Ajolí si quería conocer cómo hacían ellos sus trajes de flamenca ni que decir que casi no les dejé terminar para responderles un contundente sí.

Volantes de mangas cortados en Taller de El Ajolí

Volantes de mangas ya cortados

Tras la respuesta tocaba dejar que la imaginación caminara a su aire, preconcibiendo ideas e imágenes sobre cómo podría ser el lugar y lo que vería allí. Os anticipo que si me planteara trabajar en un taller de costura sin duda en el suyo me gustaría hacerlo. Las imágenes os contarán el por qué.

Silla de enea en Taller de El Ajolí

El viajar hasta Huelva para empaparme de Pepe Jiménez ‘El Ajolí’ resolvería todos esos juegos que la imaginación crea cuando la ignorancia, sobre lo que se va a descubrir, pesa más de lo que se desea. Entiéndase ‘ignorancia’ como sinónimo de mi desconocimiento sobre su parcela en moda flamenca.

Trajes de flamenca de El Ajolí en We Love Flamenco 2016

En base a su fachada exterior, la que muestran al mundo, y a sus logros a lo largo de su carrera profesional, imaginé un espacio de techos altos y zonas vacías, con verticalidades abigarradas separadas por mesas tamaño mini dormitorio, bautizando al conjunto como nave y localizándolo en el cinturón industrial de la periferia de la capital onubense, donde docenas de empleadas estarían, sin parar, dándoles al pedal para coser un ajolí tras otro alumbradas por fluorescentes. Y todo esto podía verlo mientras subía las escaleras camino de la oficina. Eso es lo que imaginé; trabajo a destajo para poder atender la demanda de ajolís, pues tienda física y online junto a las cifras que les acompañan, alientan a idear aquello que no coincide con la realidad… ¡¡¡Y qué bueno es equivocarse!!!

Costureras en Taller El Ajolí

Las paredes de su taller no están cubiertas de estanterías, más bien se plagan de oquedades llamadas ventanas, y sus tabiques no son de chapa, son de ladrillo, cerquita de un muro encalado que delimita el contorno de los dominios de El Ajolí, donde los geranios rojos en maceta se diseminan alrededor de unos azulejos enmarcados y pintados a mano para la obligada lectura del nombre de la firma, en su anterior tono verde, justo antes de entrar al taller. ¡¡¡Qué nadie dude dónde estamos!!!

Cuadro a la entrada del Taller de El Ajolí

El edificio no es inmenso, sino en su justa medida, donde la luz natural invade cualquier esquina de la estancia, que para eso hay más cristales que rectángulos de arcilla, sin necesidad que los tonos de los tejidos cambien forzados por la luz artificial. El total de personas que pude ver en el taller supera, en muy poco, a la cifra de 20, lo que aún más propicia la posibilidad de trabajar con mimo, sin prisas pero sin pausa, con el ritmo adecuado para que cada traje de flamenca que terminan pueda llevar el sello de hecho a mano, el que se tiene cuando la finalidad no es realizar ‘x’ vestidos de volantes en un día, sino simplemente dar vida a nuevos ajolís. Y todo ello bajo la atenta mirada de Begoña y Susana, quienes han heredado las dotes y las maneras de mirar en modo flamenca que posee su padre, Pepe Jiménez ‘El Ajolí’.

Susana y Begoña de El Ajolí

Susana y Begoña

El proceso de fabricación se reparte entre dos plantas. En la inferior se dibujan y cortan patrones y tejidos, que viajan por un pequeño tramo de escalera hasta la planta superior donde se unen piezas, se añaden piquillos y se rizan volantes y carruchas, para su posterior planchado y colgado, sin olvidar esos lunares bordados al trapo que saltean algunos trajes de flamenca de la colección de este año ‘Gitanillas Andaluzas’.

Cortado de patrones en el Taller de El Ajolí

Planta baja del Taller El Ajolí

Bordado de lunares al trapo en el Taller de El Ajolí

Así se bordan los lunares al trapo

Si en la planta baja, por la que se accede, la mirada se te va para todos lados, en la de arriba las distracciones son mayores. Son pocas horas para disfrutar de lo que ves y sientes la necesidad de captarlo todo para no olvidarlo nunca, como cuando viajas a algún lugar al cual no sabes si, algún día, volverás. Así es como perduran detalles que a la vista no suelen pasar desapercibidos, como es esa impronta flamenca que se dispersa por el taller de manera constante, topándote con ella allá donde claves los ojos que se tropiezan con tejidos cortados a la espera de montarse, con un par de cuadros flamencos, de esos de autor desconocido, mientras subes los escalones flanqueados por arriba con techo de lunares rojos sobre fondo negro, para acabar aterrizando en el feudo de las máquinas de coser y remalladoras´. Eso sí, el tiempo justo para tomar aire mientras se reposa en las sillas de enea, que no de plástico, cuyo respaldo alto, trabajado y desgastado delata en las tintadas en ‘verdiazul’ la ‘briega’ que se le da por aquello del multiuso, pues igual que se sienta una costurera, se cuelgan perchas o se apoyan tejidos para que no besen el suelo mientras se cosen.

Detalles de la zona de máquinas de coser en Taller El Ajolí

No es el primer taller que tengo el gusto de conocer, por eso puedo aseguraros que el denominador común a todos también se repite aquí: desorden ordenado. Los tejidos necesitan su espacio y lo usan a capricho, sobre todo cuando ya se les está dando forma.

El desorden ordenado propio de los talleres de costura también presente en el de El Ajolí

Desorden ordenado

En El Ajolí el espacio se compartimenta, por eso la facilidad de colocarte en el centro y visionar todo el proceso, pudiendo percibir cómo el traje de flamenca se vaya adueñando de cada zona por donde va pasando en su elaboración hasta llegar al final de su recorrido, a la percha que lo sostendrá para enfundarse en transparente a la espera de su estreno.

Cosiendo volantes de gasa en seda en el Taller El Ajolí

Junto a esas nuevas creaciones también aguardan perchadas unas no tan recientes que vuelven al taller de donde salieron para sufrir esos pequeños cambios que se necesitan con el paso del tiempo, ya sabes, por aquello de tener un poco más de contorno que antes o al revés, que todo es posible. Este es un signo más que, a pesar de la envergadura que la marca ha tomado tras más de tres décadas en el sector, de puertas para adentro siguen funcionando a tenor de la política que marcaron las pautas de sus comienzos y que, hoy día, siguen acatando.

Cosiendo piquillos a los volantes de mangas en Taller El Ajolí

Cosiendo piquillos a los volantes de mangas

Tienda de El Ajolí en Huelva

Pero no sólo el taller fue lo que conocí de El Ajolí. También tuve el gusto de visitar su tienda en la calle Gravina, tan cerca de la estación de autobuses que si vienes desde Sevilla es simplemente el ratito del trayecto que recorre desde Plaza de Armas hasta allí, pues si te descuidas y das un traspiés caes de bruces en la puerta de la tienda.

Vistas desde el almacén a la tienda de El Ajolí en Huelva

Tienda

De hecho, lo primero en la lista para hacer ese día era visitar su punto de venta en Huelva, al que volví tras el paseo por el taller antes de tomar camino de vuelta a mi mundo y dejar el suyo con ese buen sabor de boca que te pide más, pues me resistía a que el día acabara. Jamás olvidaré el cariñoso recibimiento de Pepe Jiménez , del que me atrevo asegurar, pues esa fue mi sensación, que esperó mi llegada, ya que minutos después marchaba a una cita con un cliente. Es un honor que alguien que puede presumir de muchos logros inalcanzables para la gran mayoría, no guarde distancias y te acoja de la manera que él lo hace. Después de tantos sueños cumplidos y éxitos conseguidos, seguir poseyendo la habilidad de plantar sus pies en el suelo y tratarte con la naturalidad que él lo hace, sin perder la curiosidad propia de las primeras conversaciones entre desconocidos y sin albergar ningún condicionante previo por su parte en cuanto a tu persona, es un halago siendo quién es.

Así queda una mesa de trabajo en el taller de El Ajolí tras acabar la jornada

Mesa de trabajo en el taller de El Ajolí tras acabar la jornada

Antes de irse me dedicó un poco de su escaso tiempo, por lo que pude tener una breve pero intensa conversación con él en la que se adivinaba, fácilmente, no sólo cuánto ama lo que hace, sino su deseo por seguir en ello, porque todavía tiene mucho que decir en moda flamenca. Aunque la siguiente generación creativa ya está ahí, con la que trabaja codo con codo, le es imposible dejar de lado su pasión por crear volantes en bocetos sin fecha de caducidad. Durante nuestra charla, me mostró books de sus anteriores colecciones, algunas datadas en los 80, en las que los efluvios de sus propuestas dejaban constancia por qué es, realmente, el responsable de ciertos giros en la moda flamenca, siendo inútil la necesidad de rebuscar entre los diseñadores más recientes como pioneros de ciertos recursos flamencos.

Bocetos y books de colecciones de moda flamenca de El Ajolí

¡¡¡Ganas de volver a compartir espacio y tiempo contigo!!! Me supo a poco Pepe y tienes mucho que enseñarme, pues tu cabeza alberga historia de la moda flamenca y tu boca es la única transmisora de ella.

Planchadoras en el Taller El Ajolí

Planchadoras en el Taller El Ajolí

Tras esos instantes de valor incalculable, que guardaré siempre como un tesoro, me puse en manos, de nuevo, de Susana que continúo mostrándome imágenes sobre colecciones pasadas, acompañadas de nutridos comentarios. Pude ver, y os dejo foto de foto en Instagram, el conocido traje de flamenca realizado en corcho que formó parte de la única colección de volantes que ha desfilado en Cibeles, originaria de la actual Madrid Fashion Week. Sí, porque a Pepe Jiménez allá por el año 1.989 se le propuso formar parte de esta pasarela de moda, mezclándose sus trajes de flamenca con otros pret-a-porter de Adolfo Domínguez, Ángel Schlesser, etcétera, propuesta que debía pasar una criba, como todos, pues aunque él aceptara sólo un equipo de expertos en moda tenía la última palabra para darle el pase a la pasarela madrileña. Y aquello de ‘vini, vidi, vinci’ engrosó aún más su abultado currículum.

Cortado de volantes para mangas en Taller de El Ajolí

Cortando volantes para mangas en Taller El Ajolí

Entre sus proyectos realizados, destacan el haber vestido de flamenca a Barbie, no la de carne y hueso que se prodiga en las redes sociales sino la de Mattel que compras en cualquier juguetería y no mide más de 30 centímetros. La petición le vino de la empresa que las fabrica y comercializa, para la que, inclusive, creó patrones que también podrían adquirirse junto con la muñeca y que ha iniciado a muchas niñas en esto del costureo flamenco. Valga la anécdota que una de ellas, hoy día, colabora con la firma.

Barbie vestida con traje de flamenca de El Ajolí

Barbie vestida de El Ajolí

Actualmente sigue traspasando fronteras. Desde hace dos años en dirección a Tokyo, pues forma parte de un showroom de moda gracias a la Agencia Andaluza de Promoción Exterior (EXTENDA).

Pero volviendo a la tienda, que me desvío de lo que nos compete, es un espacio que se ha convertido en una extensión del taller, ya que su fisonomía recuerda a él. La tosquedad de las paredes ‘encalás’ que abrigan los exteriores del taller, aquí se plasma en los verticales abruptos que compartimentan diferentes espacios de la tienda, como la parte de exposición y la zona de probadores, con cortinas similares a las jarapas y banquetas de enea y hierro forjado, desde las que, si alzas la vista mientras te calzas, puedes ver los altos de la tienda decorados con cacharros de latón, fuentes de cerámica pintadas a mano y demás utillajes caseros con sabor campestre.

Trajes de flamenca de temporada en la tienda de El Ajolí

Zona trajes de flamenca nueva colección

Como antesala, tras atravesar la puerta de entrada, a la izquierda tienes un mostrador, tan largo como la exposición de complementos que flanquea, y que continúa en volantes, tanto los de temporada como los que no cupieron entre los tapices del Salón Real del Alfonso XIII en la pasarela We Love Flamenco. Tras ellos, una puerta más, la que te sitúa a medio camino entre la tienda y el taller, que sirve de almacenaje para los trajes de flamenca a la espera de propietario y para los que ya los tienen pero están en ese compás de espera que implica arreglo, esté hecho o no, con ese ansia contenida de formar parte del armario de quién ya le quiere.

Zona de complementos de flamenca en la tienda de El Ajolí

Zona de complementos

Trajes de flamenca que siguen viendo historia, la que les ha precedido y la que están escribiendo, llevándose parte con ellos y dejando en El Ajolí el resto. Y eso es lo que debes tener presente cuando vuelvas a vestir uno de sus trajes o cuando lo hagas por primera vez, pues este artículo tiene como finalidad que, tras su lectura, te ayude a conocerlos más para mirarlos de otra manera, con los mismos ojos que Pepe, Pepa, Susana y Begoña emplean cuando los presencian.

Zona de probadores en la tienda de El Ajolí

Zona de probadores

Pues vestirse de El Ajolí es lucir volantes de un diseñador influyente en moda flamenca, fuente de inspiración que marca tendencias y cuyo anhelo es dar vida a nuevos diseños sin apartarse de las normas de la flamenca clásica, dando rienda suelta a su creatividad, propia de un genio que, como tal, posee la capacidad de reinventarse. Su manera de diseñar flamenca se alimenta de aromas a geranios y paredes ‘encalás’ mezclados con la brisa de Las Marismas y el sabor a sal, culpables, por completo, que Pepe Jiménez ‘El Ajolí’ diseñe la flamenca que diseña, con esos aires romeros inconfundibles que propician las tierras onubenses.

Para que puedas visitarles en persona te adjunto la dirección de su tienda: Calle Gravina, 13, Huelva

Para que puedas preguntarles tus inquietudes flamencas por teléfono: 959 26 04 49

Y para curiosear sus trajes de flamenca desde casa antes de ir puedes pasearte por su tienda online. Pero no dejes de verlos ‘in situ’ para tocarlos y sentir como te dibujan el talle.

Traje de flamenca de terciopelo y encaje de hilo de El Ajolí en We Love Flamenco 2016

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