
Cordón del paño de pureza, coronas, potencias y petaladas, se suman al guiño de la diseñadora a la Mantilla y la Virgen del Rocío para crear una colección de moda
Fervor, una de las recientes colecciones de Juana Martín, se presentaba hace unos meses en París, dentro de la Semana de Alta Costura, en un edificio histórico de la Universidad de la Sorbona, cerca del Panteón. El espacio ya creaba el ambiente necesario para las peculiares características de sus nuevas prendas y la puesta en escena hizo el resto.
La salida de las modelos bajo un palio de cajón, atravesando en línea recta la calle que deja la candelería, daba las pistas suficientes para saber que una parte de nuestra cultura andaluza había viajado hasta París en forma de propuestas de moda. Siempre y cuando sepas algo de Semana Santa. Igualmente, para aquellos profanos en el asunto, su desfile fue una peculiar manera de descubrir la devoción y pasión de una procesión.
Y como he de suponer que alguien que conoce poco o nada de las Cofradías, de Hermandades, de Vírgenes y Crucificados y de los pasos de Semana Santa me puede estar leyendo, intentaré ir aportando información accesoria para que pueda comprenderse mejor todo lo que la diseñadora ha tomado de la iconografía y el Arte Sacro (así se denomina a todos los oficios que se realizan para poder dar vida a la Semana Santa).
Del Crucificado (imagen tallada en madera de Jesús en la cruz, cuyo rostro muestra el momento de la expiración) toma multitud de elementos.
La cuerda puede decirse que es uno de los recursos a los que más protagonismo da en toda la colección, ya sea en forma de pendientes, ya sea rodeando escotes y caderas. Y ello puede deberse a su simbología, ya que se cree que Jesús fue atado a la cruz con cuerdas antes de clavarlo. Como dato curioso, al rosario se le considera cuerda de oración. Y una cuerda es, también, la que sujeta el paño de pureza o sudario que viste el Señor crucificado, la cual se ata con nudos de barril a la altura de la cadera.
Como tal, sin transformación alguna salvo para dorarla, Juana Martín hace uso de ésta en su forma estática, nudos incluidos, en la captura que el imaginero (escultor de imágenes sacras) hizo del instante, por lo que la cuerda no se mueve, se ondula rígida. Al igual que el sudario o paño de pureza, que añade ese plus de arquitectura textil a sus diseños en hombros y caderas.
La corona de espinas, como símbolo central de la Pasión de Jesús (colocada por los soldados romanos para humillarle como rey de los judíos) simboliza el sacrificio máximo y, por ello, en la colección es un factor primordial. Tanto en forma de pendientes, pulseras y collares, como en aplicaciones directas sobre la prenda en metal plateado, evocando, quizás, a los pendientes y broches de plata que forman parte del protocolo de vestimenta de mantilla, coincidente con el Viernes Santo, que se corresponde con la Pasión de Cristo.
Además, desfilar en París tiene una connotación adicional en cuanto a este elemento, pues se estima que la Corona de Espinas de Jesús, la reliquia más sagrada, fue adquirida en el siglo XII por Luis IX de Francia. Actualmente, se encuentra en la Catedral de Notre Dame de París, a la que volvió en el 2024 desde el Louvre, estancia breve y obligatoria a causa del incendio sufrido en el edificio en 2019.
Las potencias (tres rayos de luz que se colocan sobre la cabeza de Cristo para hacer referencia a su divinidad, como Jesús Hombre Salvador, e indica su condición de Rey y Dios) también se expresan a lo largo de sus diseños en piezas que evocan este trabajo de orfebrería en forma de agujas con cierre para botones, decorando hombros e, incluso, armando una estructura que decora desde cintura a cuello.
Al igual ocurre con las estrellas de la Corona de la Inmaculada Concepción, empleándolas de igual manera, y con las coronas imperiales y aureolas, que añade en diademas e incluso sobre hombros, en este caso en metal dorado.
De la Virgen Dolorosa (parte fundamental de la iconografía de Semana Santa por representar el dolor de María como madre por el sufrimiento y muerte de su hijo, Jesús), de su expresión de máximo dolor, se inspira el maquillaje para las modelos en el desfile que, si te fijas bien, tienen también las lágrimas de María en sus mejillas. De su vestimenta en negro en señal de luto, tal y como se acata si te vistes de mantilla, y del blanco, como símbolo de pureza, se tiñe toda la colección en la que la abundancia de largos midi, con permiso de alguno que otro mini, se puede tomar como otro guiño al protocolo de mantilla.
Al igual que también ella y las petaladas que recibe desde los balcones, allá por donde pasa en procesión durante la estación de penitencia, son inspiración para Juana Martín, creando diseños con pétalos en negro y en rosa, con distintas texturas, variando así el estampado de los tres vestidos.
El volante siempre forma parte de su colección, pero, quizás, aquí, toma un significado más divino que terrenal. Pues la inspiración de Fervor es la cultura de un pueblo, el andaluz, que vive y expresa su Fe de diferentes maneras. Ya has conocido una, la Semana Santa. Pero hay otras, como la Romería de la Virgen del Rocío.
De hecho, la Virgen del Rocío tiene cabida entre sus propuestas en forma de medallitas que cuelgan de vestidos y con referencias claras en piezas de joyería, como el característico rostrillo de la Virgen (tocado ajustado a su cara y frente de encaje, pedrería y oro que forma parte del ajuar de la imagen para vestirse de reina). Por ello, porque no sólo ser católico o conocer la religión católica basta, vivir la identidad andaluza ayuda a comprender colecciones como ésta, en la que Juana Martín la reinterpreta para que la moda se adapte al Arte Sacro, a esa manera de expresar la Fe en madera, textil y metal.
No es fácil hacerlo, pues entran en juego aspectos éticos relacionados, directamente, con el respeto y la no alteración de la cultura. Ya ha habido ocasiones anteriores en las que diseñadores extranjeros, como el polaco Arkadius que utilizó en sus colecciones de finales de los noventa presentadas en Londres, referencias expresas a la Esperanza Macarena, han traspasado esos límites y no ha sentado nada bien.
En el caso de Juana Martín se hace uso de piezas con alta carga simbólica no sólo para un andaluz, si no para todo aquel que profesa la Religión Cristiana. No hace copia literal de las piezas, sino que se inspira en ellas para crear las suyas propias en una colección versada en negro y blanco, guardando así las costumbres y la distancia adecuada para no pasar esa fina línea que, a veces, representa el respeto por la tradición.
Aún así, habrá entendidos que pueden encontrar algún escollo, cuando si alguien ha de hablar de Arte Sacro en moda, como ya lo hicieron anteriormente Dolce & Gabana, Givenchi, Jean Paul Gaultier o Versace, mejor que sea alguien de casa. Alguien que sabe hasta donde puede llegar sin saltarse las normas de las buenas costumbres y con el conocimiento suficiente para que la colección se considere, no una colección más de moda, sino la colección que Juana Martín presentó en París donde divulgaba la cultura andaluza.
Y, como tal, Fervor posee esta dualidad o capacidad de generar controversia y admiración a la vez por aquello que la origina: la devoción y la pasión de la Semana Santa en Andalucía. Al igual que, si no conoces la naturaleza e idiosincracia de esta inspiración, puede provocarte una mezcla de curiosidad e incomprensión, pues es de esas inspiraciones que no sólo necesitas que te la cuenten o tener nociones de lo que vas a ver. Necesitas, además, vivirla para sentirla y, así, entenderla por la dificultad que conlleva, tal y como has visto, y por la delicadeza del asunto.
Imagenes cedidas por Juana Martín para Acento Artesano










