41500: inspiración para flamencas de lunares, flores y volantes

Dicen que un número cuenta, mide, ordena y etiqueta. Pero cuando el número es cultura, historia de un lugar y provoca sensaciones, ¿indica la cantidad de algo ó simplemente te identifica con tus raíces?

41500 no indica la cantidad de algo, te habla de un lugar, un código postal con río, bosques, tradiciones y personas que lo habitan, cuidando su presente porque así es como se lega el pasado. 41500 es Alcalá de Guadaira. Es la aceituna de mesa y el pan sevillano de corteza crujiente y miga tierna. Es la cuna de la soleá del maestro Joaquín de Paula. Es el Monumento Natural Riberas del Guadaira y la Vía Verde de los Alcores. Es el conjunto de molinos árabes a los márgenes del Guadaira.

Todo eso es 41500, presente en el ADN que fija lo vivido y sentido y que secuencia a la diseñadora Cristina Vázquez, quien siempre comparte un poquito de ella en cada diseño que imagina. Pero, quizás, sea en esta temporada en la que da un paso al lado para hablar de su tierra. De su pueblo, de sus vecinos y de sus rincones favoritos.

De ahí los colores y las formas que adopta para su nueva colección, que no se aparta de su línea creativa, permitiéndole siempre innovaciones sutiles que realzan sus trajes de flamenca de siempre. Colección en la que introduce una colección cápsula de invitadas, tanto en vestido como en conjuntos de blusa y pantalón.

Traje de flamenca blanco con enaguas en buganvillas y lunares para volantes de Cristina Vázquez

El celeste es uno de esos tonos recurrentes de la firma, pues lo hemos visto en colecciones anteriores, tanto en liso, si no me equivoco, como en lunares. Aquí lo emplea en moteado tamaño galleta, muy habitual, por cierto, entre sus diseños. Y lo hace tanto al derecho, como al revés, es decir, tanto para tintar el lunar, como para emplearlo de fondo.  

Este diseño, que se encargaba de dar inicio a su paso por pasarela, tiene el celeste reservado para el vuelo tipo caracol que imagina, eso sí, ni muy abundante, ni muy arriba colocado, de manera que el volumen se corresponde, perfectamente, con un evasé de manguitas largas, con cuerpo en hombros, y sencillo escote en uve redondeada.

Traje de flamenca celeste de Cristina Vázquez

En este otro, el lunar se torna blanco roto, pero, ojo, que para el detalle de los volantes en mangas lo sigue prefiriendo en azul. Juegos contrarios que hacen que se complementen sin necesidad de introducir otro tipo de textil en esta silueta, básica y eterna en sus propuestas de cada temporada, con ajuste hasta casi las rodillas. Para, desde allí, trazar vuelo de volantes al hilo.

En concreto son tres que se aúpan con enaguas al tono del moteado principal.

El azul marino viene a ser ese lujo silencioso para flamenca que parece no estar, pero está, sin entrar en conflicto con el negro noche y que viene a ser una alternativa para pasear en las últimas horas del día y primeras de la noche.

De hecho, su propuesta no es, precisamente, de las marca caderas y talle bajo, pues con este vuelo evasé de volante grande en zigzag, dejando la subida justo en los lados, se propicia ese efecto óptico de flamenca setentera o la típica forma A que adquiere el vestido.

Traje de flamenca en azul marino de Cristina Vázquez

Al cuello laza lunares, tal y como le gusta hacer, y para mangas las imagina inmensas, de las de tipo corsario de puño ancho, donde borda flores. Otro detalle al que la creativa, afortunadamente, nos tiene acostumbrados.

Junto a sus flamencas, Cristina Vázquez mostraba una mini colección para invitada con aire flamenco, tanto en vestido, como en pantalones combinados con blusas.

Vestido con volantes al bies para invitadas de Cristina Vázquez

Para el vestido optó por un estampado geométrico versado en lunares, pero totalmente divergentes ésos de lo que suele tildarse flamenca, aunque lo evoca. Como también sucede con el enrejado del torso, tendencia en moda, que deja sin mangas y combina en cuello halter.

Deja el toque flamenca para el vuelo, dispuesto en doblete de volantes superpuestos de capa y cortados al bies.

¿Recuerdas esa manguita corta de volantes de finales de los 80 y principios de los 90? Pues aquí la tienes, añadida en un vestido de talle bajísimo, de lunar gigante y bien repartido para un vuelo del que se abre, aportando comodidad, y que se remata con volante de rizados al hilo con ese juego que tanto usa de lunares y fondo con tono al contrario.

Traje de flamenca azul con manguitas cortas de volantes y lunar galleta de Cristina Vázquez

Para esa simetría de lunar en este traje verde con buganvilla, opta por reducir el volumen de volantes, más que de costumbre, y saltear, desde caderas, con volantitos midi, de los que se permiten ver el fruncido y que acaban en el suelo, dejando que las enaguas buganvilla emerjan, suavemente, lo suficiente para que se vean. Así se tiene la excusa perfecta para combinar con mantoncillo de fleco corto. De esos que se bordan sobre el mismo tejido del traje de flamenca para crear un total look.

Traje de flamenca de lunares verdes, también en mantoncillo, de Cristina Vázquez en SIMOF

Siguiendo su línea creativa, ofrece opciones donde el buganvilla tiene más presencia, tintando el cuerpo de hombros a caderas, dando luego el salto al lunar. Se crea, así, una ilusión óptica de traje de flamenca de dos piezas sin serlo.

Traje de flamenca en buganvilla con lunares verdes de Cristina Vázquez

La parte de la falda evasé se llena, otra vez, de rizados al aire, no ocurre lo mismo en mangas, algo más pequeños y sin piquillos, pero rematados con cinta de raso. Ahora sí intervienen aquí dos tonos, el verde y el buganvilla.

En esta segunda, el buganvilla lo acapara todo, con volantitos menudos que recorren todo el cuerpo en paralelo y de tres en tres, para crear un traje de flamenca de vuelo setentero desde el fin de caderas y escotes cuadrados.

Traje de flamenca buganvilla de Cristina Vázquez

Es, pues, uno de esos diseños excepcionales y sorprendentes que siempre tiene a bien incluir Cristina Vázquez en sus colecciones y que hace las delicias de quienes amamos la moda flamenca.

Para esta temporada, rescata, al igual que otros diseñadores, cierto corte de traje de flamenca que no se veía desde los 90, aunque tuvo algo de presencia entre el 2010 y el 2020.  Se trata del patrón que sitúa volantes sólo en los laterales, a izquierda y derecha. Normalmente éstos comienzan a la altura de las rodillas y el vuelo se abre más, ocupa más espacio. Pero aquí, con esta opción, el volumen no es tan generoso y el vestido se reparte mejor, tanto parado como en movimiento, por lo que con esta reinterpretación Cristina Vázquez mejora el diseño.

Traje de flamenca con volantes a los lados de Cristina Vázquez en SIMOF

Por cierto, fiel a sí, misma, sin dejarse invadir por tendencias, hace uso del estampado floral en ese bitonal verde y buganvilla que tan bonito armoniza.

No falta. Este corte de vestido siempre está y es imposible que lo olvides, porque es un verdadero affaire contemplarlo.

Traje de flamenca de lunares y paisley de Cristina Vázquez

Los volantes caen suave, muy suave, gracias al tejido. Y lo hacen desde el punto medio del escote, bajando con una suave ondulación sin enaguas que maneja a la perfección. Algo que consigue con la ayuda de los volantes, uno tras otro, vistiéndote hasta el suelo, creándose una pequeña cola por detrás sin dejar de tener su sello: el estampado paisley o ameba. En él su beige se carameliza y el verde agua acoge pinceladas en coral.

No hace falta decir más cuando un traje de flamenca como éste define y defiende, él solito, el estilo de la firma, la intención y el perfil hacia el que enfoca su manera de hacer moda. Sublime.

Ni qué decir tampoco sobre este rojo, otra de sus señas de identidad para el que siempre hay sitio en la colección. Quizás sea por aquello que el rojo simboliza en moda flamenca.

Hace un juego parecido al que ya hizo con el buganvilla, en cuanto a los volantes. Pero, aquí, sin agrupar. Se limitar a usar el volante para resaltar ciertos espacios como el escote, haciendo uso, pues, para marcarlo, creando un escote ilusión en plumeti de cuello caja. Tejido éste que se extiende hacia las mangas, cerradas en puño por volantito de capa.

Traje de flamenca rojo con plumeti de Cristina Vázquez

En el vuelo, un volante colocado al cejo armoniza al resto de vuelos que irán aumentando en tamaño conforme llegan al bajo. Y que, también, da cierto aspecto de silueta sirena flamenca.

Es de esos total looks flamencos en rojo un tanto poderosos y contundentes, a los que un par de flores y unos pendientes XL le bastan.

Misma colocación de volantes que en uno de los corales con los que acaba su presentación en pasarela que encaja con esos micro volantes que adora, noventeros ellos, y que consiguen ese efecto canastero de ampliación de vuelo a medida que alcanza el final de vestido de flamenca.

Traje de flamenca de volantito pequeño colocado en caracol de Cristina Vázquez

De lunares, por cierto, con simetría milimétrica, alternando visón y mandarina con remata en piquilllos, pues hacer uso de las labores de costura tradicionales para la flamenca está más de moda que nunca.

Tal y como se ve en este otro diseño con mini encajes de bolillos al tono que exornan cada uno de sus volantitos.

Traje de flamenca en naranja sobre fondo bisón de Cristina Vázquez

El diseño escogido para cerrar colección mezcla tonos que, al superponer crepés de seda, permite que la semi transparencia cree un tercero, pues baja la intensidad del coral vibrante, convirtiéndose en un visón coralino que se deja estampar por lunar en negro, pero sólo un puñado, no son muchos.

Traje de flamenca con volantes en uve de Cristina Vázquez

El vestido precisa de una segunda pieza a modo de capa de doble vuelo, bordándose en hombros con rosas, hojas y tallos en coral, creando un cuello alto con drapeados y botones forrados. Otro de esos pequeños detalles que te llevan al enamoramiento inevitable.

Cristina Vázquez tras el carrusel de su colección 41500 en SIMOF

Y respondiendo a la pregunta del título, 41500 lo es todo para un traje de flamenca de Cristina Vázquez porque es ella. Porque representa su niñez, su evolución como persona y su madurez. Es su pasado, su presente y su futuro. Es donde están los suyos. Donde quiere estar. Es donde nacen sus azules como el cielo, sus naranjas reflejados en las fachadas blancas de sus calles, sus verdes y marinos de la ribera del Guadaira. Eso es 41500.