Añorado reencuentro con los trajes de flamenca de Cristina Vázquez en tonos como el azul, verde y rojo.

¿Cómo te cuento yo que siempre esperé volver a verla? ¿Cómo te digo que destacaba en los desfiles de noveles? ¿Y cómo te explico este reencuentro? De todas las preguntas se adivinan las respuestas y se entrevé su historia, la de los trajes de flamenca de Cristina Vázquez, la de Trinidad y la moda flamenca, aquello que les une e inspira. Pues diseñar flamenca va en sus genes; por sus venas fluyen lunaritos y eso se nota en la destreza con la aguja.

Pero voy resolviendo interrogantes que la curiosidad seguro que ya te puede. Hace ya tiempo, unos dos o tres años, me topé, por primera vez, con los volantes de Cristina Vázquez. Tan sólo fueron un par de encuentros distanciados en el tiempo y de un solo traje de flamenca cada vez. Ambos sucedieron en desfiles de noveles, en ésos en los que se disfruta de la osadía y atrevimiento de las nuevas promesas. Ya entonces me llamaron mucho la atención sus propuestas, de las que hablé y publiqué en redes y aquí en esta web de moda flamenca, moda y novias, en Acento Artesano. Y pensaba que se convertiría en una firma a la que seguir. Lo que nunca imaginé es que dejaría de verla en desfiles, pues es de esas firmas que sobresalen y pueden, con solvencia, hacerse un hueco en moda flamenca.

Pero, sucedió. De repente, en los siguientes desfiles, tanto de noveles como de profesionales, dejó de incluirse su nombre. A mí sólo me quedó la esperanza de volver a leer su nombre en un programa de desfiles.

Traje de flamenca de dos piezas de falda roja y cuerpo estampado con cinturón y volante peplum de Cristina Vázquez

Cristina Vázquez, pues, no siguió el habitual circuito de los nuevos diseñadores, que entran en la vorágine de desfiles para emergentes y van creciendo como diseñador, a la vez que toman experiencia sobre la tarima de desfiles. Prefirió alejarse de todo este entorno y, simplemente, continuó con lo que había hecho siempre, coser en el taller de su madre, para, poco a poco, ir dando forma al suyo propio, en el que, hoy día, cuenta con su equipo de trabajo. Y todo antes de volver a pisar pasarela con contundencia, con una colección completa, pues reaparecía en SIMOF, un sábado por la mañana, justo en el 25 aniversario del Salón Internacional de la Moda Flamenca. Llegando así mi anhelado reencuentro con ella, con su elegante manera de hacer volantes.

Volantes al hombro de Cristina Vázquez

Por eso, redescubrirla con Trinidad ha sido toda una experiencia inolvidable. En la que el uso de los trajes de flamenca como medio de expresión, como lenguaje no verbal, sino textil, a través del cual comunicarse y narrar sus sentimientos y vivencias, definen la personalidad y la habilidad de diseño de la firma y dan a conocer su propia historia, su razón de su existir.

Trajes de flamenca en buganvilla de Cristina Vázquez

Trinidad habla de una mujer, de su vida desde pequeña, de su recuerdo, de alguien en concreto muy especial para Cristina Vázquez y que es fiel reflejo de esas valientes, fuertes y luchadoras a contracorriente, que no veían nada imposible y se superaban ante las adversidades.

Habla de su niñez, de esos años bonitos en los que reina la inocencia y ternura, escogiendo el azul que, además, representa al Hijo en la Santísima Trinidad, y el buganvilla rosado, que se abraza al celeste de una capita o toquilla tricotada sobre la que reposan flores que se encajan al cuello caja. Resaltando en la sencillez de un traje que, simplemente, embellece la silueta, con un vuelo dulce setentero de talle bajo.

Traje de flamenca buganvilla con mantoncillo tricotado de Cristina Vázquez

Ganchillo que se pega al cuerpo y se fleca para un estilismo flamenco algo más complicado, donde reina el celeste y los volantitos de capa decoran el comienzo del vuelo con pinceladas en ese morado que tanto gusta en flamenca.

Traje de flamenca azul con cuerpo de ganchillo y flecado de Cristina Vázquez

Azul que se reserva para un dos piezas flamenco de bordados vuelos rizados y comedidos que, con mangas corsario, bien podría tener vida más allá de los suelos de albero con tan sólo cambiar flores por tocado y pulseras por bolsito joya de mano. Todo un capricho para sentirse flamenca en cualquier momento del año.

Traje de flamenca de dos piezas con falda azul y cuerpo de mangas corsario de Cristina Vázquez

De los azules, del comienzo de la vida y del descubrimiento del mundo, pasamos al verde, el color del Padre en la Santísima Trinidad, el de la esperanza, el del futuro por descubrir y alcanzar. Porque Trinidad ya no es una niña, es una adolescente que comienza a imponerse retos, a tocar el cielo con los dedos y hacer sus sueños realidad porque todo es posible. Por eso Cristina Vázquez la imagina de verde, abotonada o enchaquetada, pero de silueta sugerente, seseante, coqueta y presumida.

Las flores caen por el hombro del reloj de arena verde y coral, que marca pausado el paso del tiempo con volantes bien encajados y mangas ablusadas de puños cerrados, ésos que rematan la elegancia flamenca.

Traje de flamenca verde y enaguas naranja de Cristina Vázquez

También se verdea ajustando con cinturón estampado, porque en este dos piezas la chaqueta no tiene solapas, sino volante, y tampoco tiene cuello sino escote de vértice redondeado, dejando reposar un par de vuelos peplum sobre las caderas en un doble largo para un estilismo flamenco que define a una Trinidad más madura, responsable y femenina.

Traje de flamenca dos piezas en verde de Cristina Vázquez

Para la que diseña uno de mis favoritos en su colección, que homenajea esos maxi volantes que le conocí en sus comienzos y que ahora limita con armonía. La silueta se abotona delante, al más puro estilo ochentero, para mangas diferentes, de las tipo ajustadas hasta muñecas, pero con detalle de volante de capa al hombro, con el que juega prolongándolo por el brazo, al que se agarra con botones y ojales para ese efecto tan singular. ¡¡Simplemente bello!!

Traje de flamenca verde con cuerpo de botones y mangas ajustadas de Cristina Vázquez

Y, de repente, llega el rojo que simboliza al Espíritu Santo en la Santísima Trinidad y que es el color del amor, la pasión, para contar esa etapa que corresponde al matrimonio, a la llegada de los hijos, del amor infinito y eterno que te llena de felicidad. Y lo cuenta con volantes en el pecho, para un sin mangas que es un capricho flamenco con el que sentirse seductora y atrevida, amada y querida.

Traje de flamenca rojo con talle de volantess y silueta evasé de Cristina Vázquez

A la vez que la ternura y el cariño por ese lazo irrompible con los hijos que aparece en esta etapa lo hace en tonos rosas, en estampados delicados, de flores suaves y lunar pequeñito, para una esbeltez dibujada en evasé que se acompaña de mangas de farol discretas y un par de volantes, de capa y canastero pequeño, que reposan sobre enaguas en carmín. Mezclando así rojo y rosa para este traje de flamenca, combinación tonal tendencia de la temporada flamenca.

Traje de flamenca rosa de estampado de flores y vuelo evasé con un volante rematando de Cristina Vázquez

Amor que se rompe por la separación obligada y no deseada, que lleva a Trinidad a la tristeza desmedida, a la desolación, a la que sólo deja invadirla un instante, el suficiente para aprender a vivir y a guardarse para sí el dolor de la añoranza por el ser querido, vistiendo ese momento con la nulidad de tonos, con el negro, con el luto por el amor perdido. Y al que sólo permite acapararla un instante, porque su vitalidad y fervor por sus hijos no le permiten quedarse anulada esperando acontecimientos.

Traje de flamenca negro con pedrería y abertura delantera de Cristina Vázquez

Así, con un nuevo reto ante ella, quizás el más difícil de su vida, se tiñe de blanco, de todo el abanico de colores, para abrazarse a la vida de nuevo, llenándose del amor puro, el de sus hijos, porque lo tenía todo para seguir adelante, para pisar fuerte y abrirse paso, esperando el momento del reencuentro con el ser querido y perdido, vestida de blanco. Flecada y floreada en cuello caja, el lunar nacarado tamaño galleta motea un exquisito traje de flamenca de dos volantes, en el que el abrigo de maxi flecos pone en acento en este diseño.

Traje de flamenca blanco de lunares y abrigo flecado de Cristina Vázquez

Tono con el que Cristina Vázquez cuenta el final de esta historia. Con él habla de cómo se va Trinidad, cómo sube para volver a encontrarse con quién le hizo vivir momentos tintados de rojo, llenos de pasión y amor inolvidable, narrando, así, la historia de su abuela, de su madre, de ella misma, de tres generaciones cosiendo flamencas, siendo, pues, ésta y no otra, la mejor inspiración y manera de enseñarnos cómo imagina volantes y usándolos como medio de expresión, lenguaje a través del cual compartir sus sentimientos y vivencias, las suyas y las de Trinidad.

Mangas de traje de flamenca rojo de Cristina Vázquez

Pues la querencia del costureo suele aparecer muy temprano. Es algo que se hereda, genético e inevitable, eso de dibujar con aguja e hilo, aunque no suele ser un divertimento infantil, haciéndose sitio entre muñecas y pegatinas. Y está visto que Trinidad puede haber influido, y mucho, en que que tengamos a una diseñadora como Cristina Vázquez creando trajes de flamenca de la manera que ella los hace.

El caso es que puede que tras mi anhelado reencuentro, me falte o albergue el sinsabor de no haber conocido, de primera mano, la evolución exacta de la firma este tiempo de silencio. Pero es algo que puedo obviar sin remordimientos ante diseños como los que han desfilado en la pasarela espejada en ónix de SIMOF. Allí, esta información adicional, se volvió innecesaria al reivindicarse lo que ya se adivinaba en sus comienzos. Me refiero a ese nivel de perfección que posee, que rozaba entonces con los dedos y ahora toca con la palma de la mano en ese cielo privilegiado ausente de errores. Tan evidente y palpable que perpetúa la continuidad de su estilo sin brusquedades, sin parecer haber existido este renglón aparte, sino más bien ser un punto y seguido.

Cristina Vázquez tras el carrusel de su colección Trinidad en SIMOF

La experiencia le habrá pulido esos detallitos inapreciables que, para el resto de mortales que descartamos lo minúsculo, pasan desapercibidos. Pero permitidme que insista en su calidad como diseñadora, en cómo perfila cada creación y la imagina, nota característica que la ha definido siempre y que hacen de su aguja algo extraordinario, cosiendo flamencas del XXI sin perder de vista la esencia de la más clásica. ¡¡Gracias Cristina Vázquez por imaginar volantes!!

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